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WASHED ASHORE: Arte para salvar el mar

WASHED ASHORE: Arte para salvar el mar

Arte para salvar el mar - Three Knots Magazine

Es un hecho que la contaminación plástica ahoga nuestros océanos y sus ecosistemas marinos. Por eso, muchas naciones han hecho ilegal el uso, la producción o la venta de ciertos plásticos. En Ruanda, por ejemplo, los traficantes de bolsas de plástico son castigados con penas de cárcel, multas y confesiones públicas. En Taiwán, los consumidores deberán pagar un extra por las pajitas, bolsas, cubiertos y vasos desechables hasta 2030, cuando estos artículos serán prohibidos legalmente. En 2017, Kenia aprobó una ley según la cual aquellos que produzcan, vendan o incluso usen una bolsa de plástico pueden ser penalizados con hasta 4 años de prisión y multas de 40.000$. Algunas ciudades costeras de EE. UU., como Malibú y San Luis en California o Miami Beach y Fort Myers en Florida, han prohibido o limitado el uso de pajitas de plástico. Por no mencionar que la UE se esfuerza por conseguir que para 2030 se recicle el 55% del plástico y está alentando a los estados miembros a reducir el uso de bolsas de 90 a 40 al año por persona para 2026. 

En una sociedad madura y avanzada como la que nos ha tocado vivir a los ciudadanos del siglo XXI, no se deberían tener que prohibir cosas tan obvias como los envases plásticos de un solo uso. Pero probablemente cada persona, a título individual no es consciente de que la acción de cada uno cuenta. Una pajita en un refresco no tiene la menor importancia, pero cuando te enteras de que en Estados Unidos se consumen 500 millones de pajitas al día…la cosa cambia. ¿A qué sí?

No obstante, el plástico, al igual que muchos otros inventos del siglo XX, no es nuestro enemigo. Nos ha hecho la vida mucho más sencilla. Hay que usarlo como es debido, y cuando llega a su fin, depositarlo donde corresponda. Es la acción del hombre la que merece todo tipo de críticas.

Los seres humanos, genéticamente incrédulos, necesitamos, además de que nos lo cuenten (que es la primera fase), verlo. Palparlo con nuestras propias manos. Entonces, y puede que solo entonces, comprendamos que vivimos en comunidad… y que el modelo de vida que teníamos hace 30 años ha evolucionado. Debemos evolucionar nosotros también. El plástico, ese elemento procedente del petróleo es algo trágico, ya que no es biodegradable (es decir, no se descompone con la acción de la naturaleza), pero sí fotodegradable… pues con la luz del sol se deteriora (nunca destruye) y se va erosionando, descomponiéndose en partículas más pequeñas que afectan a la cadena trófica: el pez se come las partículas diminutas de plástico, el hombre se come al pez con el plástico en su interior. 

Arte para salvar el mar - Three Knots Magazine

Desde MUJERES DE LOS MARES, de Ediciones del Viento, se contempla los océanos desde distintos aspectos, pero siempre desde la admiración y el respeto hacia ese líquido salado que cubre el 70% de la superficie de nuestro mal llamado planeta Tierra. En este libro se habla del trabajo de científicas, conservacionistas, investigadoras, biólogas, oceanógrafas… pero también de deportistas, de asociaciones o incluso de trabajadoras con profesiones muy específicas como las fundadoras de una consultora medioambiental que transforman plataformas petrolíferas en desuso en arrecifes artificiales, o la única “cablera” de toda Europa que ha permitido durante 17 años que nunca nos haya faltado internet en nuestros hogares cuando algún cable submarino por donde pasa la información tecnológica de nuestro país se ha averiado (y se averían mucho más de lo que nos podemos imaginar).

Una de ellas es Angela Pozzi, artista, profesora de arte y danza. Esta estadounidense encontró una fantástica manera de salir de la profunda depresión en la que hallaba sumida tras la muerte de su marido, el artista Craig Pozzi, con el que llevaba 25 años casada.

Pozzi se había retirado a una cabaña que su familia poseía desde hacía más de 85 años en Bandon, a las orillas de un lago en Oregon, y todas las mañanas se daba un largo paseo por la playa, intentando encontrar una razón en la vida para seguir adelante sin Craig. Las plegarias son escuchadas, a veces de un modo inusitado… y Angela un día sintió un absoluto rechazo por una montaña de basura que el mar había arrojado a su costa: plásticos de todas las formas y colores posibles, enzarzados entre redes de pescadores, le dañaron la vista. Buscó una mirada de complicidad entre los paseantes, pero estos estaban distraídos recogiendo conchas y guardándolas en sus cubitos, ajenos a esos residuos generados, indudablemente, por el hombre. Se sorprendió tanto que pensó que tenía que idear la forma de que todos los caminantes vieran y se sintieran igual de molestos que ella con los deshechos arrojados por el mar. Pero… ¿qué podía hacer? Entonces le vino a su mente una gran figura, un animal de muchos colores, de varios metros de envergadura y realizada por gente anónima y en grupo, gente que se viera molesta por esa inmundicia.

De ese modo fue como nació WASHED ASHORE: Arte para Salvar el Mar (Lavado en Tierra) en 2010, una ONG sin ánimo de lucro donde usan el arte como forma de llegar a la gente, independientemente de su edad, condición social o económica. Para ello, trabajó con la comunidad en donde residía. Les explicó el perjuicio de la basura en sus playas, procedente de todo el Pacífico debido a las corrientes de la zona, e impartió talleres donde explicaba cómo conseguir que todos ayudasen a recoger basura con la que pudieran crear figuras de animales enormes.

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Se calcula que los océanos reciben al año unos 13 millones de toneladas de plástico. De hecho, entre California y las islas Hawái se detectó en 1985 una isla formada tan solo de plásticos que hoy alcanza una extensión de 1,6 km2, es decir, como 3 veces Francia, unas 80.000 toneladas de material inerte y tóxico. En toda esa zona no hay vida, porque la opacidad del plástico impide la transmisión de luz a sus aguas y la consecuente generación de oxígeno. 

¿Cómo funciona Washed Ashore?

Su objetivo es concienciar a la ciudadanía. Por ello, no se organiza ninguna limpieza de playa, ninguna batida, sino que piden a la gente que cuando vayan a pasear lleven siempre un recipiente y si ven basura, la recojan. Existe un lugar donde depositarla al lado de la autopista 101 en Bandon, y tienen incluso 75 negocios locales que hacen descuentos si eres voluntario. Si se limpiara de una vez la playa, los que vinieran después no se sensibilizarían con el problema de los residuos. En la asociación se recoge, se guarda y se muestra a la gente a través de las esculturas y usan entre el 95 y el 98 % de todo lo que se recoge, sin reciclar. 

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La segunda fase consiste en la revisión del material. Lo enjuagan y lo separan por tipos de cosas. Entonces lo lavan con vinagre y jabón biodegradable y lo frotan. Después, la lluvia lo limpia. Es decir, todo el proceso es extremadamente respetuoso con el medio ambiente. Una vez limpio, lo clasifican por colores. Y… ¡comienza el proceso de diseño! Jamás añaden ningún elemento que no se haya recogido de la playa. Ese es el principio básico de esta ONG: solo el material que arroja el mar.

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Angela debe buscar su inspiración entre las montañas de escombros. Realizará un boceto cuando ya sepa qué figura crear y trabajará con un diseñador asistente. Con este dibujo, acudirá al taller del soldador, donde se elaborará el marco interno. La última fase consistirá en cubrir ese armazón. Es un proceso muy laborioso, por eso, la dificultad se clasificará en 4 niveles. De ese modo, todos los voluntarios que lo deseen pueden participar en el proceso de creación de este arte comunitario. No debe quedar ningún recoveco sin cubrir, por lo que el proceso de elaboración es un rompecabezas. Hay que observar detalladamente cada elemento, por diminuto que sea, y comprobar cómo encaja.

Con la ilusión renovada, Angela contactó con una galería donde ella ya había expuesto su obra con anterioridad, y les encargaron la primera exposición de WASHED ASHORE. Al menos en sus comienzos, una estatua tardaba en construirse, de 2 a 6 meses, y ella y su comunidad crearon 13 animales en 6 meses con la ayuda de todos los voluntarios. Es decir, comenzaron desde el primer momento con una actividad muy intensa, trabajando los 7 días de la semana. Apenas tenía tiempo para nada más. Ni siquiera, para estar triste. Había vuelto a la vida. 

Desde entonces han transformado más de 21 toneladas de plásticos arrojados por las aguas en 70 obras de arte público, representando animales, y siempre de gran envergadura. Ahora, con 9 empleados y más de 10.000 voluntarios, lo que Angela inició siendo un intento personal para salvar el mar se ha convertido en un movimiento social que llama a la acción debido a su gran impacto visual y educativo. Es impresionante visitar su página web y ver todo lo que han creado. 

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El arte puede llegar al corazón de una forma que las cifras, los hechos o la demostración no pueden. Esto hace que Angela y su legión de voluntarios y colaboradores sigan creando arte con un mensaje. 

Una de las partes más complicadas es crear una personalidad en las caras, por lo que la artista observa con atención muchas fotografías, estudia las características de estas criaturas, sus expresiones o los ángulos de sus cabezas. “Es importante hacer una investigación profunda si quieres ser su voz. También contactamos con zoólogos y biólogos marinos. Leo sobre los animales, pienso en cómo se sentirían, investigo cómo son, qué características tienen. Intento poner todo eso en sus caras. Es como crear un retrato”. El resultado son figuras hermosas, de colores vivos, realistas y atractivas, especialmente llamativas por sus ojos, ya que, como afirma Angela, “los ojos lo son todo”. Y es lo más difícil de conseguir. Porque el resultado debe ser atractivo para que el público lo mire y comprenda qué ocurre con ese plástico usado y desechado, pero no demasiado para que intimide o desagrade y el mensaje se diluya. Un equilibrio complicado de conseguir, y ahí es donde WASHED ASHORE se convierte en una ONG única y triunfa.  

Las figuras son creadas para permanecer en un lugar de forma permanente, como zoológicos, acuarios o centros científicos, pero otras se exponen de forma itinerantes, de forma que su mensaje puede llegar a más rincones.

«Todas estas esculturas fueron hechas porque la gente creía que su acción contaba. Podemos mostrarles un ejemplo visual y táctil. La gente puede hacer cosas increíbles cuando trabajamos juntos. Podemos salir de este lío si todos trabajamos juntos. Sin duda, soy optimista” Angela dixit.

Esta es tan solo una pequeña muestra de los que MUJERES DE LOS MARES te puede ofrecer.

Continuará…

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Ana Alemany – Autora del libro Mujeres de los mares.
Fotografías tomadas de Washed Ashore.

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