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¡La vida de la galera, déla dios a quien la quiera!

¡La vida de la galera, déla dios a quien la quiera!

Gracias a un amigo me he encontrado ante este simpático y particular texto escrito por Antonio de Guevara, Obispo de Mondoñedo, en el año 1539. Se trata de un informe preparado para alertar e informar a posibles distraídos sobre los grandes peligros de aventurarse al mar. Su estilo es sarcástico, instructivo, y con un resignado sentido del humor. Citamos aquí partes del tercer capítulo.

(…) resta ante todas cosas rogaros mucho estéis atentos a lo que os dijere, y abráis los ojos para lo que os conviene: y si alguno comenzare a dormir, dele el compañero del codo para le despertar: porque en mal punto entra en galera el que no se aprovecha de esta nuestra doctrina.

Capítulo III. De cuán peligrosa cosa es el navegar, y de muchos Filósofos que nunca navegaron.

(…) Sea lo que fuere, invéntelo quien lo inventare, que muchas veces me paro a pensar, cuán aborrecido debía de estar el primer hombre, que estando bien seguro en la tierra, se cometió a los grandes peligros de la mar: pues no hay navegación tan segura, en la cual entre la muerte, y la vida haya más de una tabla. A mi parecer sobra de codicia, y falta de cordura inventaron el arte de navegar; pues vemos por experiencia, que para los hombres que son poco bulliciosos, y menos codiciosos, no hay tierra en el mundo tan mísera, en la cual les falte lo necesario para la vida humana.

Jurien de la Gravière (1890)

(…)¿Mas dime tú oh mareante, si para la salvación de la vida hay en la mar cosa segura? ¿Qué no es contrario en la tierra, que no nos lo sea mucho más en la mar. Es nos contrario en la tierra el hambre, frío, sed, calor, fuego, fiebres, dolores, enemigos, tristezas, desdichas, y enojos, las cuales cosas todas padecen dobladas los que navegan por la mar, y más, y allende de esto, navegan los tristes a merced del viento que no los trastorne, y de la espantable agua no los ahogue. Ni miento, ni me arrepiento de lo que digo, y es, que si no hubiese en los corazones de los hombres codicia, no habría sobre las mares flota: porque esta es la que les altera los corazones, los saca de sus casas, les da vanas esperanzas, les pone nuevas fuerzas, los destierra de sus patrias, les hace torres de viento, los priva de su quietud, los ajena de su juicio, y los lleva vendidos a la mar, y aun los hace mil pedazos en las rocas. (…) El Cónsul Fabato en sesenta años que vivió, nunca de su Ciudad de Regio pasó a ver la ciudad de Mesana, hasta la cual no había, sino nueve millas por agua, y preguntado en el caso, dijo: Es loco el navío, pues siempre se mueve, es loco el marinero, pues nunca está de un parecer, es loca el agua, pues nunca está queda, y es loco el aire que siempre corre; y pues esto es así verdad, si huimos de un loco en la tierra, ¿cómo queréis que fie yo mi vida de cuatro locos en la mar?(…) De manera, que no será levantar falso testimonio, decir uno: Andad para viento pues vivís con el viento. No hay hombre en la tierra por pobre que sea, que en una gran necesidad no tenga dineros con que se redima, o hijos de que se sirva, o amigos a quien llame o parientes a quien se encomiende, o valedores con quien se ampare, o vecinos de quien se confíe, sino es el desventurado que anda en la galera, el cual tiene puesta su vida en el parecer de un Piloto loco, y de un viento contrario. Plutarco cuenta del Filósofo Atalo, que como morase en la Ciudad de Esparta, y pasase un río grande por medio de ella, nunca quiso pasar a la otra mitad de la Ciudad en toda su vida, diciendo que el aire se hizo para las aves, la tierra para los hombres, y el agua para los peces: Dicen que decía muchas veces burlando este Filósofo: Cuando yo viere a los peces caminar por la tierra, entonces iré yo a navegar por la mar. (…) Cropilo el Filósofo (discípulo que fue de Platón) mandó cerrar las ventanas de las casas, que había heredado de su padre, las cuales caían sobre la mar, y preguntado de muchos, porqué lo hacía, respondió: Por no ver la mar, y porque no me tomase deseo de entrar en ella, mando cerrar las ventanas de mi casa: porque muchas veces oí decir a mi maestro Platón, que el navegar por la mar, más era ejercicio de locos, que oficio de Filósofos. (…) Luego bien dicen las palabras de mi tema, que la vida de la galera déla Dios a quien la quiera.

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Antonio de Guevara, Arte del Marear y de los inventores della, con muchos avisos para los que navegan en ellas (1539).

Texto Patricio Río.

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