Now Reading
Simbiosis en el Mediterráneo II

Simbiosis en el Mediterráneo II

Cotylorhiza tuberculata

Cotylorhiza tuberculata es una de las especies de medusa más común en el Mediterráneo, generalmente localizable en aguas superficiales entre los meses de mayo y octubre. Es conocida popularmente como medusa “huevo frito” por la coloración de su umbrela, y es fácilmente identificable por ello y por los tonos azul/morado de sus cortos tentáculos. Suele rondar los 20cm de diámetro, aunque puede llegar a alcanzar hasta 40cm y su alimentación se basa principalmente en la captura de microplancton a través de numerosas aperturas orales presentes en sus tentáculos. Es una de las medusas menos urticantes que podemos encontrar en nuestras playas, lo que unido a su coloración la convierte en un gran atractivo entre la fauna marina.

Ejemplar de Cotylorhiza tuberculata. La coloración de su umbrela y de sus cortos tentáculos la hacen fácilmente identificable.

El ciclo de vida de las medusas es desconocido para gran parte de la población, que únicamente se las encuentra durante el verano. Pero C. tuberculata, al igual que otras medusas, tiene un ciclo de vida que se compone de dos fases, una en forma de medusa y otra en forma de pólipo (más abajo podéis encontrar un esquema resumen de su ciclo de vida). Su fase pelágica, o de medusa, es estacional y en general tiene una vida media de alrededor de medio año. La mayor parte de los ejemplares desaparecen entre el otoño y el inicio del invierno, aunque se desconocen las causas que generan esta mortalidad masiva de ejemplares. En esta fase tenemos dimorfismo sexual (los ejemplares son macho o hembra) y la reproducción es sexual. Los espermatozoides son liberados al agua y la fertilización es interna en la hembra. Una vez liberada, la plánula formará un pólipo al alcanzar el sustrato adecuado. Con el pólipo tenemos la fase bentónica asexual, que es menos visible ya que se encuentra anclada al fondo. Esta fase está presente durante todo el año y se generan individuos (nuevos pólipos) por gemación; es decir, a partir de la separación de partes o protuberancias de otro pólipo. Solo cuando las condiciones ambientales son adecuadas, normalmente con la primavera, se inicia la generación de nuevas medusas a partir de estos pólipos mediante un proceso conocido como estrobilación, apareciendo así de nuevo C. tuberculata en nuestras playas.

Ilustración del ciclo de vida de C. tuberculata. Extraído y traducido de (Kikinger 1992).

Al igual que otros organismos del grupo de los cnidarios, C. tuberculata presenta zooxantelas en el tejido interno (organismos unicelulares que realizan la fotosíntesis, comúnmente conocidos por su simbiosis con los corales), con los que mantiene una relación simbiótica. La presencia de estos endosimbiontes, que necesitan de luz para la realización de la fotosíntesis, explica por qué esta medusa se encuentra generalmente en aguas superficiales, al contrario que otras medusas que carecen de estos simbiontes, y el elevado crecimiento que muestran en los pocos meses de vida que tienen. 

Ejemplar de Cotylorhiza tuberculata con juvenil de pez.

Pero las asociaciones entre C. tuberculata y otros organismos van más allá, y es que es habitual encontrar pequeños juveniles de diferentes especies de peces alrededor de C. tuberculata, que encuentran en estos organismos flotantes un punto seguro en el que protegerse y alimentarse, bien del zooplancton capturado por la medusa o de la propia medusa, sin perjuicio para ésta. Al igual que en el caso del cangrejo araña fantasma (si te lo has perdido, no dudes en visitar nuestro artículo), los peces típicamente asociados a C. tuberculata no se ven afectados por sus tentáculos, como es el caso de los juveniles de jurel (Trachurus mediterraneus). 

Esta asociación sigue bajo estudio, aunque se podría calificar como comensalismo, ya que no parece tener ningún tipo de efecto sobre la medusa y sí un efecto positivo para los peces asociados. Sin embargo, en otras medusas se ha observado como los peces que la habitaban se alimentaban de parásitos que se encontraban en esta, con lo que se podría considerar en estos casos como una simbiosis.

A pesar de su poder urticante, no hay por qué tenerles miedo a las medusas, que simplemente se dejan llevar por las corrientes. Sí hay que estar atento para evitar el contacto físico con ellas, principalmente en las épocas de mayor abundancia, pero sobre todo disfrutar de la visión de estos peculiares animales, principalmente de aquellas especies menos peligrosas como C. tuberculata, que seguro no nos producirán tanta intranquilidad. Y como siempre, ¡mantened los ojos abiertos! ¡No solo para encontrar a esta colorida medusa, sino los peces que casi seguro encontraréis a su alrededor!

See Also

Astorga D, Ruiz J, Prieto L (2012) Ecological aspects of early life stages of Cotylorhiza tuberculata (Scyphozoa: Rhizostomae) affecting its pelagic population success Jellyfish Blooms IV. Springer, pp 141-155.
Cortés-Lara S, Urdiain M, Mora-Ruiz M, Prieto L, Rosselló-Móra R (2015) Prokaryotic microbiota in the digestive cavity of the jellyfish Cotylorhiza tuberculata. Systematic and applied microbiology 38: 494-500. 
Kikinger R (1992) Cotylorhiza tuberculata (Cnidaria: Scyphozoa)‐Life history of a stationary population. Marine Ecology 13: 333-362. 
Mir-Arguimbau J, Sabatés A, Tilves U (2019) Trophic ecology of Trachurus mediterraneus juveniles associated with the jellyfish Rhizostoma pulmo and Cotylorhiza tuberculata. Journal of Sea Research 147: 28-36. 
Tilves U, Sabatés A, Blázquez M, Raya V, Fuentes VL (2018) Associations between fish and jellyfish in the NW Mediterranean. Marine Biology 165: 127. 

Texto y fotografía por Sebastián Hernandis Caballero 

© Three Knots Magazine 2021
Todos los derechos reservados.